Qué más, cuando sólo está hablando nuestra propia voz allí, en el lugar donde todo anida, donde aquello por lo que vivimos se forja; cuando en la mente ya no hay más que palabras repetidas, gastadas, perdidas sin sentido, locas. Esa voz que es tan lejana y es nuestra; amiga y enemiga; madre y amante. No importa qué suceda. Allí está sentada en un baúl con todas esas palabras y más. Esperando.
¿Quién es? ¿Quién me grita, me ama, me ordena o me idolatra? Está tan serena en cada una de sus fases, y yo inmensa la arropo y la ignoro... y no sé la verdad o la mentira, sólo entiendo que ella es mi ser; que ella estará siempre y yo... yo con la muerte. Pero antes...
Antes quisiera, por favor, verla en el espejo cuando en él yo me mire y que seamos una un instante. Que cada palmo de su piel entienda lo que sufrió mi cuerpo, y que cada palmo de mi alma sea la suya misma. Quiero respirar paz en su aliento y sentir ampliamente que estoy viviendo aquí y no en otro lugar.
Quiero imaginar un sólo indicio de que no estoy sola, si no que estoy jugando involuntariamente con la propia Soledad.
Patricia Luque

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