lunes, 1 de enero de 2018

Distinta voz, el mismo tono.

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Distinta voz, el mismo tono

Despídeme de mí ahora que tu lengua
vengadora se resigna y olvida
en las cornisas el aliento.
Ahora que tu ausencia en aire se libera
y siento que amanezco interminable.

Despídeme en silencio y márchate
mientras se tiende el río en la avenida
y el mediodía penetra sosegado
calmando a aquellas ninfas que olvidaste.

Donde hallo el olvido hay una hipérbole
que juega en mis pisadas, iracunda,
cortejando los sueños, la locura.

Si no fui vida, si no soy... verdad,
a quién imaginaste aquellos días
en que el cielo desnudo era todo mi cuerpo.
De qué manera fueron tantas noches
de horas de deseo infranqueable.
Acaso va a dolerme como un eco absoluto.

Por qué tengo distinta voz, el mismo tono,
oscuridad impoluta, un perfil cóncavo
y el punto débil en el verbo.
Por qué me va clamando
el tiempo y se acobarda.

Qué edad era la nuestra,
inconsciencia, fiel laguna de entonces
devolviendo la luz de aquellos días.
Poesía, despierto en lontananza,
y acaricio la eterna imagen de mi cuerpo.

Patricia Luque


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Ensoñación II
     
                         Ensoñación de Ana

No me pregunten nada, sangro, Dios,
rodeado de aquello que no escuchas,
durante muchos gritos, tanto miedo,
miedo, como si despertara a un árbol:
hueco espasmo de verde en el olvido.

No me pregunten nada, la palabra
que busco no la encuentro. No quiero
que recuerden abandonarme solo
en un poema, como si pudiera
llenar la voz de luz, trocar la sombra,
entender a mis ninfas y mirarlas:
que apenas se despiertan sus espacios
con futuros de luna blancos, con los huesos
ahogados en las aguas de Narciso.

Y cómo dirigirme a ellas. Busco
el nombre aunque ya existan
en orden cada una de sus letras,
a pesar del silencio que murmura
el agua cuando callas sus adentros:
psiquis de aire esclavo y transparente;
un roce en suspensión, volátil, nulo,
monstruo de boca oscura, intruso y ciego.

Ruego perdón desnudo y pido auxilio,
no olvido esa palabra que anda lento,
muertas mis ninfas suben sin nombrarse.

Ruego perdón desnudo y pido auxilio,
una voz en silencio y una pausa:
la verdad es terrible, aterradora.

Siento esta vez el arrebol como una herida.

No me pregunten nada.
No me pregunten nada.

Patricia Luque
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Ensoñación I

Agrio el sabor del sueño
acurrucado en hábitos.
Ávido el desconsuelo de mi cama.
No logré de tu cuerpo despegarte
y sigo aún buscando aquellos trazos
de una realidad fingida.

Jamás busqué el amparo
en nuestros versos.
Humedecí los labios
y la sangre me enseñó el abismo
como una tarde pálida.

Dónde quedará la firmeza,
la pasión, el finísimo abismo
en que ambos arrinconábamos
lo nuestro;
la transparencia de tu piel cubierta de agua,
la verdad de la forma,
las colillas vacías...

A veces me confundo
y creo que me piensas
como un mendigo anclado en la bebida
con sed de durar más;
bajo la artillería de las noches,
mientras la madrugada.

Soy vulnerable con tus miedos,
después de todo y antes.
El lugar al que pertenezco
parece ahogado en su consumo.

Quedo mirando sin cesar tus cosas
que van al aire en libertad
como si fueras quien se marcha;
y va apagándose la música
al compás de tus pasos alejados.

Este desierto va expandiéndose
dejando un suelo tan solemne
que olvida hasta los nombres;
que sólo intuye sin esfuerzo
el peso inmenso del ayer
en su inconsciente ruta
hacia la dura incomprensión;
creando y deshaciendo en sus vaivenes
la pura realidad.
Así tan solos, crepitando
y hasta en imágenes pausados.

Y acabar siendo
ensoñación primera
por su pureza indescifrable;
únicamente una pregunta:
quimera propia de la soledad.

Y dónde, persevero:
dónde quedará la firmeza...


Patricia Luque