miércoles, 28 de octubre de 2020

El oscuro


 Mi madre dice que estoy solo.

Que mi voz es una nota honda

que entrevé el abismo donde nace;

y encierro más de lo que tengo,

más de lo posible,

más de lo que entiende y lo que entiendo.

Que tengo un bosque oscuro donde no

migran las aves,

que solo anda distraído en la mente

dejando atrás el cielo, el mar y el suelo.


No es fácil mirarla y explicarle

que el hombre a veces no juega con el mundo

y no detiene el tiempo ni lo mide.


                                        Patricia Luque


Constante extraño

 

  

Quién me está llamando esta noche

si todo está en silencio.

Es un constante extraño

que ni siquiera es ruido,

pero penetra ferozmente

la calle, las persianas, las sábanas,

el vientre y la sangre.

Entra en la cama y se tumba conmigo

como si fuera mío.


                               Patricia Luque

sábado, 21 de marzo de 2020

Ése soy yo

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Ése soy yo -presentación-


Ése soy yo.  Me hablo desde lejos.
Parece la sombra del árbol,
una rama más de la avenida.
Entre la gente parece mirarme.
Quiero tenerle cerca.
Sin duda quiere hablarme,
contarme alguna cosa que sabemos.
Tenderme la mano o abrazarme fuerte.
Seguro no quiere que me esfume
como lo hago a veces.
Esta vez puede que me siente a su lado.

Ése soy yo, quiero pedirle que me hable;
que me hable y no quiera callarse.
Que deje de estar quieto en la distancia
y rompa esta inquietud que me devora.

No puedo moverme y la calle parece profunda.

Ése soy yo. Abrígame. Hace noches que te busco.
Hace noches que quiero tenerte frente a frente
aunque no sepa tu nombre, tu cara, mi cara.
Aunque no sepa qué fue de mí cuando preguntes
dónde he estado.
No lo sé. He querido encontrarte
durante tanto tiempo.

                                                            
                                                                 Patricia Luque

viernes, 3 de enero de 2020

Desordenado




Desordenado

No puedo poner en orden
letras estas intenciones las
miradas de todos los lobos
atrincherados en sus casas.
Se mezclan las pisadas en la calle.
Son las mismas.
Tengo el orden en las manos
y no sé si ese el sitio
para dejar el alma.

Aún queda poesía;
aunque tú no me entiendas;
lo que veo me remueve y me desnuda,
me libera por dentro.
Se lleva las cortinas
y me cubre de luz.
Poco a poco me despierta.

Aún queda poesía
después de seguir
como perdido
mis huellas en los días;
de ver cómo he fallado, cuánto me falta.
Cuánto me falta
para volverme loco.
Para volverme loco.
Después no hay nada.


                       Patricia Luque

jueves, 17 de mayo de 2018

Por ver


Voy a deshacer,
a desmembrar el aire mota a mota,
desplegar cada hueco de mi lengua
por ver si es el camino tuyo el que
                                           me sigue.]

Por ver si estoy equivocado y me pasean
las dudas por el barrio. A veces, piso
                                                el suelo]
y no me arde nada. A veces, pestañea
                                                  un árbol]
y sueño que el sendero tuyo me vigila.

Voy a deshacer con las manos,
voy a deshacerte con las manos de otra.
Y ver cómo tu boca se abre
para decir que no puedes conmigo;
que soy un hoyo en tu paseo y que
cuando te duermes hueles a tierra
                                         de alguien.]

Quiero estar frente a frente tuya y
                                       que lo grites.]

Patricia Luque

lunes, 1 de enero de 2018

Distinta voz, el mismo tono.

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Distinta voz, el mismo tono

Despídeme de mí ahora que tu lengua
vengadora se resigna y olvida
en las cornisas el aliento.
Ahora que tu ausencia en aire se libera
y siento que amanezco interminable.

Despídeme en silencio y márchate
mientras se tiende el río en la avenida
y el mediodía penetra sosegado
calmando a aquellas ninfas que olvidaste.

Donde hallo el olvido hay una hipérbole
que juega en mis pisadas, iracunda,
cortejando los sueños, la locura.

Si no fui vida, si no soy... verdad,
a quién imaginaste aquellos días
en que el cielo desnudo era todo mi cuerpo.
De qué manera fueron tantas noches
de horas de deseo infranqueable.
Acaso va a dolerme como un eco absoluto.

Por qué tengo distinta voz, el mismo tono,
oscuridad impoluta, un perfil cóncavo
y el punto débil en el verbo.
Por qué me va clamando
el tiempo y se acobarda.

Qué edad era la nuestra,
inconsciencia, fiel laguna de entonces
devolviendo la luz de aquellos días.
Poesía, despierto en lontananza,
y acaricio la eterna imagen de mi cuerpo.

Patricia Luque


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Ensoñación II
     
                         Ensoñación de Ana

No me pregunten nada, sangro, Dios,
rodeado de aquello que no escuchas,
durante muchos gritos, tanto miedo,
miedo, como si despertara a un árbol:
hueco espasmo de verde en el olvido.

No me pregunten nada, la palabra
que busco no la encuentro. No quiero
que recuerden abandonarme solo
en un poema, como si pudiera
llenar la voz de luz, trocar la sombra,
entender a mis ninfas y mirarlas:
que apenas se despiertan sus espacios
con futuros de luna blancos, con los huesos
ahogados en las aguas de Narciso.

Y cómo dirigirme a ellas. Busco
el nombre aunque ya existan
en orden cada una de sus letras,
a pesar del silencio que murmura
el agua cuando callas sus adentros:
psiquis de aire esclavo y transparente;
un roce en suspensión, volátil, nulo,
monstruo de boca oscura, intruso y ciego.

Ruego perdón desnudo y pido auxilio,
no olvido esa palabra que anda lento,
muertas mis ninfas suben sin nombrarse.

Ruego perdón desnudo y pido auxilio,
una voz en silencio y una pausa:
la verdad es terrible, aterradora.

Siento esta vez el arrebol como una herida.

No me pregunten nada.
No me pregunten nada.

Patricia Luque