viernes, 21 de noviembre de 2014

26-10-2014

Diario

Tras la buenísima experiencia que tuve el otro día corriendo los 40 min. por Palomares del Rio, he disfrutado con ganas hoy los 10 km por el Casco Antiguo sevillano, haciendo un tiempo de 54:33 minutos a buen ritmo y con sprint final.
El ambiente era espectacular. El cielo azulísimo con nubes y las avenidas cortadas para tantas gacelas. Edades múltiples siguiendo un mismo recorrido; ánimos que quedaban suspendidos en el aire.
El asfalto hoy no ha podido conmigo, he estado mimando a mis músculos estos días más que a mí misma.
El atletismo sigue dándome vida.

22-10-2014

Diario

Hoy, miércoles, a las 18:00h he salido a entrenar como de costumbre. A pesar de estar a finales de octubre el tiempo fresco no ha acompañado y el calor machacaba al cuerpo y enervaba a los pulmones. He agradecido la brisa leve por los caminos del campo; las vistas: paisajes verdes con algunos caballos a lo lejos; el olor repentino de una higuera abriendo el apetito. Avanzo. El cuádrice me tira, pero las ganas de rodar son más fuertes que el dolor de un músculo resentido.

A causa del extremado calor, hoy he salido apenas 25 minutos, aunque a un ritmo rápido y enérgico. Este deporte hace que me sienta viva, gigante. Poco a poco noto el progreso.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Alter Deus


Dispongo de un gran número de palabras. Dispongo del tiempo para usarlas. Dispongo de espacios suficientes donde pueda jugar a ser ese Alter Deus que es el escritor-poeta. Dispongo, en fin, de todo. 

Nunca pensé en rellenar huecos con sus formas perfectas. Y nunca he pensado en escribir fríamente. Yo les di a ellas la totalidad de mi ser incompleto, insaciable y mortal; la dureza de que ahora estoy hecho.

No las amo ni las querré algún día; no siento por ellas aquéllo que aparece con el transcurrir de la tarde (tan poética). Caminamos, eso sí, unidos por un golpe de inmensa brutalidad en los rincones del costado; confraternizados por una asfixia que se ahoga en sí misma. Caminamos juntos por unas noches de satisfacción voraz, de pasiones sin luz, de renglones infinitos en lenguas primitivas...

Sin embargo, aquí ellas no están y yo las veo. Aquí ellas no están y miro sus caderas, sus rodillas y sus párpados. Aquí sólo estoy yo y lo que quedó atrás: puros retruécanos sin salida, calles repletas de sombras lejanas.

Patricia Luque

viernes, 14 de noviembre de 2014

Verso tras verso


Yo creí en el arte;  viví pensando en él y suspiré por él. Me enamoré. Fueron sus formas, eran los tonos del arte, los minúsculos detalles y las sensaciones que dejaban; y hasta las mil conversaciones que derivaban en tantas otras…
Di mis horas al arte, lo trabajé, lo toqué. Me hipnotizó. Me dejó rozar algún instante rápido la plenitud de las cosas. Pero ¿y qué? ¿qué es lo que tengo en las manos? Los sueños, la inocencia, la felicidad del mundo que engendré… Todo ello es fantasía. Y eso duele.

Por eso y otras muchas cosas, llamo al aire ahora, y soy de él, supongo, verso tras verso, y tan perdida…

Patricia Luque

lunes, 10 de noviembre de 2014

Quién es


Qué más, cuando sólo está hablando nuestra propia voz allí, en el lugar donde todo anida, donde aquello por lo que vivimos se forja; cuando en la mente ya no hay más que palabras repetidas, gastadas, perdidas sin sentido, locas. Esa voz que es tan lejana y es nuestra; amiga y enemiga; madre y amante. No importa qué suceda. Allí está sentada en un baúl con todas esas palabras y más. Esperando. 

¿Quién es? ¿Quién me grita, me ama, me ordena o me idolatra? Está tan serena en cada una de sus fases, y yo inmensa la arropo y la ignoro... y no sé la verdad o la mentira, sólo entiendo que ella es mi ser; que ella estará siempre y yo... yo con la muerte. Pero antes... 

Antes quisiera, por favor, verla en el espejo cuando en él yo me mire y que seamos una un instante. Que cada palmo de su piel entienda lo que sufrió mi cuerpo, y que cada palmo de mi alma sea la suya misma. Quiero respirar paz en su aliento y sentir ampliamente que estoy viviendo aquí y no en otro lugar. 
Quiero imaginar un sólo indicio de que no estoy sola, si no que estoy jugando involuntariamente con la propia Soledad.

Patricia Luque

domingo, 27 de julio de 2014

Bailémonos

    Ricardo Darín y Soledad Villamil en El secreto de sus ojos

Bailémonos
Así de rítmico tu pecho,
los labios efímeros,
la boca exasperante.
La vida se parece a tu nota
grave, verbal, milagro de tu espalda
rozando el templo de mi cuerpo.

El saxo, el sexo tímido y pulcro,
el laberinto allí en tu música,
en tu boca junto a la del instrumento.

Sácame a bailar esta noche
donde todos estén muertos o quieran
ver bailar a dos pájaros
saboreando el suelo.

Más allá, nosotros más allá,
sin materializarnos,
sin tocarnos siquiera las palabras;
donde el conocimiento ya no sabe de dudas,
en tu boca bajo el toldo oscuro de luces,
ambos réplicas de una vida pasajera.



sábado, 26 de julio de 2014

Charlas con Arón

    PLHPHOTOGRAPHY
   
 Charlas con Arón
Ya no sería así, ¿pues qué sería?
sino el olor de aquellas miradas de tu puerta,
de tu puerta grande, de tu puerta rota y tuya;
de tu vida misma, de un sin fin de tus palabras.

(Perdón si no veo la tierra, si no conozco
la ciencia, las razones, la pureza
de estar seguro de qué es vida
y qué locura, pero:

ya no sería, ¿acaso fue?
las tardes en la arena, lunas llenas
migrando desde el faro hacia tu nuca
    del roble más vetusto y más extraño.)

     Revivo el desconsuelo,
desangro las caricias…
y el perro aquel turbado
me mira hambriento de milagros;
lo veo cual si fueras,
le hablo…  “Ya no más,
nunca más, miraremos nuestras cosas”.




Mirador

    PLHPHOTOGRAPHY
    Vino; despacio desde su altura
    copió mis líneas en sus ojos,
    llamó a mi puerta desgajado, muerto
    en clamor y susurrante.
    Pequeño ser de la arboleda
    que en el mirador abre el mundo y lo somete.

A las sombras

    PLHPHOTOGRAPHY
    
A LAS SOMBRAS

Pasan las sombras a las dos de la tarde
y se quedan como muertas
observando las ventanas.
Se preguntan si nacerá allí
sol que las defina eternamente.
Pasean con velos negros
ceñidos al cuerpo, y se dilatan
en el escalón. Parecen sentarse.
Ellas no hablan nunca,
gustan de las cuestas
descendientes donde se alargan y se
mecen vibrando al paso lento.

Y es en la pausa
donde a veces te miran,
y no sabe uno adivinar
si acaso pudieran escuchar las penas
de un transeúnte que pisa una a una,
en sus paseos,

las miserias…