Yo creí en el arte; viví pensando en él y suspiré por él. Me
enamoré. Fueron sus formas, eran los tonos del arte, los minúsculos detalles y las
sensaciones que dejaban; y hasta las mil conversaciones que derivaban en tantas
otras…
Di mis horas al arte, lo trabajé, lo toqué. Me hipnotizó. Me
dejó rozar algún instante rápido la plenitud de las cosas. Pero ¿y qué? ¿qué es
lo que tengo en las manos? Los sueños, la inocencia, la felicidad del mundo que
engendré… Todo ello es fantasía. Y eso duele.
Por eso y otras muchas cosas, llamo al aire ahora, y soy de
él, supongo, verso tras verso, y tan perdida…
Patricia Luque
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