domingo, 27 de julio de 2014

Bailémonos

    Ricardo Darín y Soledad Villamil en El secreto de sus ojos

Bailémonos
Así de rítmico tu pecho,
los labios efímeros,
la boca exasperante.
La vida se parece a tu nota
grave, verbal, milagro de tu espalda
rozando el templo de mi cuerpo.

El saxo, el sexo tímido y pulcro,
el laberinto allí en tu música,
en tu boca junto a la del instrumento.

Sácame a bailar esta noche
donde todos estén muertos o quieran
ver bailar a dos pájaros
saboreando el suelo.

Más allá, nosotros más allá,
sin materializarnos,
sin tocarnos siquiera las palabras;
donde el conocimiento ya no sabe de dudas,
en tu boca bajo el toldo oscuro de luces,
ambos réplicas de una vida pasajera.



sábado, 26 de julio de 2014

Charlas con Arón

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 Charlas con Arón
Ya no sería así, ¿pues qué sería?
sino el olor de aquellas miradas de tu puerta,
de tu puerta grande, de tu puerta rota y tuya;
de tu vida misma, de un sin fin de tus palabras.

(Perdón si no veo la tierra, si no conozco
la ciencia, las razones, la pureza
de estar seguro de qué es vida
y qué locura, pero:

ya no sería, ¿acaso fue?
las tardes en la arena, lunas llenas
migrando desde el faro hacia tu nuca
    del roble más vetusto y más extraño.)

     Revivo el desconsuelo,
desangro las caricias…
y el perro aquel turbado
me mira hambriento de milagros;
lo veo cual si fueras,
le hablo…  “Ya no más,
nunca más, miraremos nuestras cosas”.




Mirador

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    Vino; despacio desde su altura
    copió mis líneas en sus ojos,
    llamó a mi puerta desgajado, muerto
    en clamor y susurrante.
    Pequeño ser de la arboleda
    que en el mirador abre el mundo y lo somete.

A las sombras

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A LAS SOMBRAS

Pasan las sombras a las dos de la tarde
y se quedan como muertas
observando las ventanas.
Se preguntan si nacerá allí
sol que las defina eternamente.
Pasean con velos negros
ceñidos al cuerpo, y se dilatan
en el escalón. Parecen sentarse.
Ellas no hablan nunca,
gustan de las cuestas
descendientes donde se alargan y se
mecen vibrando al paso lento.

Y es en la pausa
donde a veces te miran,
y no sabe uno adivinar
si acaso pudieran escuchar las penas
de un transeúnte que pisa una a una,
en sus paseos,

las miserias…