Ricardo Darín y Soledad Villamil en El secreto de sus ojos
Bailémonos
Así de rítmico tu pecho,
los labios efímeros,
la boca exasperante.
La vida se parece a tu nota
grave, verbal, milagro de tu espalda
rozando el templo de mi cuerpo.
El saxo, el sexo tímido y pulcro,
el laberinto allí en tu música,
en tu boca junto a la del instrumento.
Sácame a bailar esta noche
donde todos estén muertos o quieran
ver bailar a dos pájaros
saboreando el suelo.
Más allá, nosotros más allá,
sin materializarnos,
sin tocarnos siquiera las palabras;
donde el conocimiento ya no sabe de dudas,
en tu boca bajo el toldo oscuro de luces,
ambos réplicas de una vida pasajera.

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