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Ensoñación II
Ensoñación de Ana
No me pregunten nada, sangro, Dios,
rodeado de aquello que no escuchas,
durante muchos gritos, tanto miedo,
miedo, como si despertara a un árbol:
hueco espasmo de verde en el olvido.
No me pregunten nada, la palabra
que busco no la encuentro. No quiero
que recuerden abandonarme solo
en un poema, como si pudiera
llenar la voz de luz, trocar la sombra,
entender a mis ninfas y mirarlas:
que apenas se despiertan sus espacios
con futuros de luna blancos, con los huesos
ahogados en las aguas de Narciso.
Y cómo dirigirme a ellas. Busco
el nombre aunque ya existan
en orden cada una de sus letras,
a pesar del silencio que murmura
el agua cuando callas sus adentros:
psiquis de aire esclavo y transparente;
un roce en suspensión, volátil, nulo,
monstruo de boca oscura, intruso y ciego.
Ruego perdón desnudo y pido auxilio,
no olvido esa palabra que anda lento,
muertas mis ninfas suben sin nombrarse.
Ruego perdón desnudo y pido auxilio,
una voz en silencio y una pausa:
la verdad es terrible, aterradora.
Siento esta vez el arrebol como una herida.
No me pregunten nada.
No me pregunten nada.
Patricia Luque

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