Ensoñación I
Agrio el sabor del sueño
acurrucado en hábitos.
Ávido el desconsuelo de mi cama.
No logré de tu cuerpo despegarte
y sigo aún buscando aquellos trazos
de una realidad fingida.
Jamás busqué el amparo
en nuestros versos.
Humedecí los labios
y la sangre me enseñó el abismo
como una tarde pálida.
Dónde quedará la firmeza,
la pasión, el finísimo abismo
en que ambos arrinconábamos
lo nuestro;
la transparencia de tu piel cubierta de agua,
la verdad de la forma,
las colillas vacías...
A veces me confundo
y creo que me piensas
como un mendigo anclado en la bebida
con sed de durar más;
bajo la artillería de las noches,
mientras la madrugada.
Soy vulnerable con tus miedos,
después de todo y antes.
El lugar al que pertenezco
parece ahogado en su consumo.
Quedo mirando sin cesar tus cosas
que van al aire en libertad
como si fueras quien se marcha;
y va apagándose la música
al compás de tus pasos alejados.
Este desierto va expandiéndose
dejando un suelo tan solemne
que olvida hasta los nombres;
que sólo intuye sin esfuerzo
el peso inmenso del ayer
en su inconsciente ruta
hacia la dura incomprensión;
creando y deshaciendo en sus vaivenes
la pura realidad.
Así tan solos, crepitando
y hasta en imágenes pausados.
Y acabar siendo
ensoñación primera
por su pureza indescifrable;
únicamente una pregunta:
quimera propia de la soledad.
Y dónde, persevero:
dónde quedará la firmeza...
Patricia Luque

No hay comentarios:
Publicar un comentario